Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra política de cookies aquí. Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +

La curiosa historia de cómo se inventó el bolígrafo

03/08/18

Debemos viajar hasta el año 1931 para encontrar el momento en el que se presentó el primer prototipo. Fue de la mano de Ladislao José Biro, de origen húngaro, quien había estado trabajando en un modelo mejorado de pluma con el que la tinta no se atascase.

Un día, viendo a unos niños jugando a la pelota, se fijó en como esta dibujaba una larga línea sobre el suelo al traspasar un charco, y ahí le vino la inspiración. Se las ingenió para crear una bola de muy pequeño tamaño, una de las principales dificultades de la idea, y creó el sistema que ha llegado a los bolígrafos de nuestros días. Así es que en 1931, en una feria en Budapest, presentó su primer prototipo y pocos años después, en 1938, lo patentó, bautizado como pluma antimanchas de tinta o ‘esferosférica’.
Pero el conflicto nazi interrumpió su vida y, obligado a exiliarse, se instaló en Argentina, adonde el periodista viajó con su hermano y su socio, Meyer. Allí, y al más puro estilo Apple, los tres húngaros empezaron a trabajar en mejorados modelos de bolígrafos que comercializar. Era ya la década de los 40, y tras esos trabajos de garaje, avanzaron hasta el punto de conseguir en 1943 vender su primera licencia de ‘esferoférica’ a Eversharp, más tarde propiedad de Parker. El gigante Bic se hizo también con el modelo de Biro en la década de los 50, y esa fue la semilla del que sería uno de los bolígrafos más conocidos y de uso generalizado, de bajo coste: el popular Bic. Habiendo pasado por diferentes etapas, empresas, modelos y tantos años después, en Argentina al bolígrafo aún se le sigue conociendo como ‘birome’, nombre compuesto por los apellidos de Ladislao Biro y su socio, Meyer.
No ha quedado en el olvido el nombre de Biro. Este mismo año, en septiembre, se conmemoraban los 117 años de su nacimiento, y Google aprovechó la fecha para homenajear a Ladislao (1899-1985) personalizando su popular Doodle para recordar al padre de uno de los inventos más importantes, extendidos y utilizados a día de hoy en todo el mundo. Un artilugio tan sencillo como un tubo de plástico, uno de tinta y una punta con una pequeña bola móvil (de ahí su nombre ‘bolígrafo’) que es la que permite salir la tinta o la bloquea para evitar que se descarga mientras no se utiliza.
Sencillo de base, y sencillo en sus inicios. Pero con el paso del tiempo, las innovaciones y el crecimiento del mercado, los modelos de bolígrafos personalizados han evolucionado hasta alcanzar niveles jamás imaginados por Biro en su momento. Y es precisamente esa evolución y la amplia oferta de propuestas lo que está permitiendo que los bolígrafos publicitarios se hayan convertido en el segundo artículo publicitario más pedido y vendido por las empresas hoy en día, solo superado por productos textiles como las siempre triunfadoras camisetas. No es de extrañar que los departamentos de marketing hayan visto en el bolígrafo publicidad la oportunidad de oro para sus campañas corporativas en la medida en que ofrecen máxima visibilidad, bajo coste y los mayores niveles de uso por parte de los usuarios, clientes, etc… El bolígrafo publicitario representa actualmente uno de los elementos estrella de los packs de bienvenida de las empresas, de eventos, de reuniones… Encaja perfectamente en el ámbito empresarial y es por ello que se regala tanto a empleados como a clientes, con el objetivo de hacer llegar la marca a sus bolsillos, acompañarlos en su vida diaria e incluso entrar en sus casas, allá donde conseguir un nivel de relación más intimo y afianzado. ¡Ni el mismísimo Biro se lo habría imaginado!